El movimiento en la entrada del estudio cambió apenas apareció el coche. Los de seguridad se adelantaron de inmediato, abriendo espacio entre los periodistas que insistían en acercarse más, lanzando preguntas sin filtro, estirando micrófonos como si pudieran arrancarle una respuesta a la fuerza. Meivi salió sin detenerse, con el paso firme, la mirada al frente y esa manera suya de ignorar el caos aunque lo tuviera encima. Aun así, el ruido la alcanzó igual: flashes, voces, su nombre repitiéndose una y otra vez. No respondió. No los miró. Solo avanzó hasta el auto y se metió sin pensarlo dos veces. La puerta se cerró con un golpe seco que cortó el ruido de golpe, como si alguien hubiera apagado todo de un solo movimiento. El silencio dentro del coche fue inmediato, pesado, necesario. Meivi apoyó la cabeza contra el asiento y soltó el aire lentamente, como si recién en ese momento pudiera respirar de verdad. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo un poco, y cerró los ojos un se
Leer más