Damian estaba sentado en un sillón, leyendo una revista de negocios. Alzó la vista ante el pequeño alboroto, notó la sonrisa amarga de Sienna y dijo con tono calmado:—Es solo una niña, no te lo tomes a pecho. Hablaré con ella más tarde.Sienna se acercó a Damian y se sentó con naturalidad en el brazo de su sillón, sonriendo con dulzura. —Dami, ¿cómo podría guardarle rencor a una niña? No pasa nada, no tienes que decirle nada. Sé que no lo decía con mala intención. Es solo que, a mis ojos, Valentina todavía es una pequeña que necesita que la cuiden.Damian esbozó una leve sonrisa y no añadió nada más, aunque su mirada se desvió inevitablemente hacia la cocina, buscando a Adeline.Adeline los oía hablar, pero no se molestó en mirarlos; solo percibía sus movimientos por la visión periférica. Su expresión era de una frialdad absoluta, como si lo que ocurriera en esa sala perteneciera a otro mundo. Tocó un pastelito, comprobó que ya no quemaba y regresó a los fogones para terminar el risot
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