Estando ahí, rodeada de las huellas de su madre, Adeline sintió un torbellino de emociones. Cada rincón del estudio gritaba el nombre de Bethany, recordándole un pasado lleno de luz que ahora parecía cubierto por las sombras de la traición. Pero sabía que no podía perder tiempo; si Arthur, Vanessa o Sienna regresaban, tendría problemas legales.Había nueve cuadros en el estudio: ocho terminados y uno que Bethany dejó a medias antes de morir. Adeline los guardó rápidamente en tres cajas de cartón que le entregó a Ivy. También rescató las paletas, los pinceles y otros objetos personales de su madre. Una vez que Ivy los puso a salvo en el coche, Adeline regresó para recuperar las obras colgadas en el resto de la casa.En el comedor, Hilda no paraba de maldecir, pero Maya la mantenía a raya con una determinación implacable.Adeline buscó los cinco cuadros restantes. El más importante, un óleo donde aparecían Arthur, Bethany y ella jugando en el jardín cuando tenía cinco años, ya no estaba
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