Seguía dándoles la espalda, esperando que, por una vez, cerraran la boca. Como por milagro, ambos guardaron silencio y solo el llanto de Amber llenó la habitación… hasta que se detuvo. Por un segundo, deseé que no lo hubiera hecho, porque entonces mis propios sollozos tomaron el control. Fue humillante. Nunca fui una persona emocional, pero había contenido demasiado durante semanas y ahora todo se desbordaba frente a las dos personas que me destruyeron. Ninguno dijo una palabra. Escuché pasos y asumí que se habían movido, quizá sentándose, aunque no estaba seguro. El silencio se volvió insoportable, así que hablé: —Fiona planea escribir un libro sobre todo lo que pasó entre ustedes dos, Victor y yo —expliqué. El silencio continuó. Esperaba gritos, amenazas, llamadas telefónicas… pero no hubo nada de eso. Me limpié las lágrimas y me giré. Ambos me miraban con expresiones difíciles de descifrar. No tenía idea de si lo que acababa de decir les había afectado… o si simplemente estaba
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