Los gemelos comparten todo: ADN, rostros, y a veces, sed de venganza.El pasillo del Hospital Ángeles Metropolitano olía a desinfectante y a las flores que llegaban constantemente para Victoria. Teresa caminaba despacio, con las manos entrelazadas frente a su vientre como si rezara. Había pasado la noche entera sin dormir, las palabras de su confesión interrumpida girando en su mente como buitres sobre un cadáver.Eva la había citado en su habitación. Necesitaban hablar, había dicho por teléfono. Sobre el pasado. Sobre los secretos que Teresa aún guardaba como veneno bajo la lengua.Teresa dobló la esquina del pasillo y se detuvo en seco.Un hombre estaba de pie junto a la ventana al final del corredor. De espaldas, mirando hacia la ciudad que se extendía bajo el cielo gris de la mañana. La luz entraba oblicua, dibujando su silueta contra el cristal.La postu
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