Algunas verdades son tan imposibles que, cuando finalmente llegan, no puedes hacer nada excepto reír o llorar. O ambas.Eva Zenteno sostenía el sobre manila con manos temblorosas mientras observaba a Damián Oscura leer el documento por quinta vez consecutiva. La oficina privada del magnate, normalmente un santuario de control y poder, se había transformado en una cámara de tensión donde cada segundo parecía estirarse hasta la eternidad.—Esto no puede ser real —murmuró Damián finalmente, su voz apenas un susurro ronco. Sus ojos grises, siempre tan calculadores y fríos, ahora reflejaban algo que Eva jamás había visto en ellos: pánico absoluto.—Las pruebas de ADN no mienten —respondió Eva, manteniendo su voz firme a pesar del caos que rugía en su interior—. El laboratorio es el mismo que usaste para confirmar la paternidad de Vill
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