Cada héroe es un villano en la historia de alguien más. Y cada sacrificio tiene un precio que otros pagarán.El almacén olía a pólvora, sangre y desesperación cuando Eva cruzó corriendo la puerta lateral que Sebastián había forzado momentos antes. El aire frío de la madrugada golpeó su rostro como una bofetada, recordándole que estaba viva, que había escapado, que Miranda no.—¡Muévete! —la urgió Sebastián, su mano firme en su espalda mientras la empujaba hacia el SUV negro que esperaba con el motor encendido.Sofía ya estaba dentro, presionando una toalla contra su propio brazo donde una bala había rozado la piel. Sus ojos reflejaban el mismo horror que Eva sentía en el pecho, esa sensación de victoria hueca cuando el precio había sido demasiado alto.El vehículo arrancó antes de que la puerta trasera se cerrara completamente. Eva se giró, mirando por la ventana trasera hacia el almacén que se empequeñecía en la distancia. Ninguna luz de emergencia, ningún sonido de persecución. Los
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