La primera vez que rompes la ley, tiemblas. La segunda vez, solo verificas que nadie te vea.El edificio del Banco Nacional de Inversiones se alzaba contra el cielo nocturno de Polanco como un monolito de cristal y acero, diez pisos de arquitectura moderna que durante el día albergaba las fortunas de la élite mexicana. Pero ahora, pasadas las once de la noche, sus ventanas reflejaban las luces de la ciudad con indiferencia, ajenas al crimen que estaba por cometerse en sus entrañas.Eva Zenteno observaba el edificio desde el asiento trasero del taxi que la había dejado a media cuadra de distancia. Su tablet mostraba los planos que Villalobos había proporcionado, líneas azules y rojas que delineaban pasillos, escaleras y, dos niveles bajo tierra, la bóveda que contenía el expediente que supuestamente cambiaría su vida para siempre.¿Qué estoy haciendo?La pregunta resonaba en su me
Leer más