El que miente sobre los muertos también miente sobre los vivos. Y el que miente sobre ambos, ya no tiene nada que perder.El amanecer encontró a Eva con los ojos abiertos y el alma en ruinas.No había dormido. El búnker de seguridad olía a concreto húmedo y a los cigarrillos que Rodrigo fumaba cuando creía que nadie lo observaba, y la pantalla de la laptop proyectaba sobre el rostro de Eva una luz azulada que hacía de su piel algo parecido al mármol, algo bello y sin vida. Frente a ella, el expediente que Rodrigo había colocado sobre la mesa una hora antes permanecía abierto en la página que lo cambiaba todo.Una fotografía. Tomada hace seis semanas, según el sello de fecha en la esquina inferior.Laura Mendoza —la mujer que supuestamente había muerto carbonizada en el incendio del almacén de Tláhuac hacía tres años— sentada en la terraza de un café en Coyoacán, sosteniendo una taza de té con ambas manos, completamente viva.—Fingió su muerte —dijo Rodrigo, y su voz sonó como algo que
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