El que miente sobre los muertos también miente sobre los vivos. Y el que miente sobre ambos, ya no tiene nada que perder.
El amanecer encontró a Eva con los ojos abiertos y el alma en ruinas.
No había dormido. El búnker de seguridad olía a concreto húmedo y a los cigarrillos que Rodrigo fumaba cuando creía que nadie lo observaba, y la pantalla de la laptop proyectaba sobre el rostro de Eva una luz azulada que hacía de su piel algo parecido al mármol, algo bello y sin vida. Frente a ella, el exp