Hay verdades que no liberan. Hay verdades que encadenan de una forma que ninguna mentira habría conseguido. El Museo Soumaya a medianoche guardaba sus secretos con la misma indiferencia con que guardaba sus tesoros: sin explicaciones, sin disculpas, simplemente ahí, existiendo en su propia lógica de belleza y permanencia.Laura Mendoza esperaba en la sala del tercer nivel, de pie frente a una escultura de Rodin cuya expresión de agonía congelada en bronce resultaba, en ese contexto, casi demasiado apropiada. Llevaba un abrigo oscuro de corte impecable que contrastaba con las cicatrices que a
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