Después de su confesión pública, todo se movió demasiado rápido. Un caos de dimensiones ininmagables se instaló en todo el país, desatando protestas y reclamos al presidente. Maximilian tomó el primer paso y antes de ser expulsados del palacio de Bellevue, él pidió empacar todo y nos mudamos a la casa señorial, esa misma donde vivimos al comienzo de todo.Volví a ver sus dimensiones imponentes, sus esculturas en los techos, los estanques congelados y sus muros impenetrables. Pero ahora, en lugar de provocarme temor, me llenó de alivio entrar en ella y saber que estaba en casa, donde de verdad pertenecía.En la intimidad de nuestra habitación, días despues, mientras todos los medios hablaban y la prensa presionaba, donde las cámaras no podían alcanzarnos, me senté frente a él, estudiando cada línea de su rostro.Había algo diferente en sus ojos, como si un peso invisible hubiese sido levantado, pero al mismo tiempo, una nueva carga se hubiera instalado en su lugar.—¿Qué va a pasar aho
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