Ragnar no tuvo tiempo de pensar.Solo de reaccionar.Scarlet se estrelló contra él con la fuerza de un terremoto, sus garras rasgando, sus mandíbulas buscando su garganta. Ragnar rodó, apenas esquivando, sintiendo sus colmillos rozar su hombro con suficiente fuerza como para rasgar piel.—¡Artemis! —gritó, no atacando de vuelta, solo defendiéndose—. ¡Artemis, soy yo! ¡No soy tu enemigo!Pero Scarlet no escuchaba. O no podía escuchar. Sus ojos eran oro sólido, sin rastro de reconocimiento, solo furia pura destilada.—Mentiroso. —La voz que salió de la loba era distorsionada, múltiple, como si mil voces hablaran al unísono—. Traidor. Asesino.Se lanzó de nuevo, y esta vez Ragnar no pudo esquivar completamente. Sus garras abrieron su costado, el dolor explotó a través de su sistema nervioso.Es real. El dolor aquí es real.—¡No quiero pelear contigo! —Ragnar retrocedió, sus manos levantadas—. ¡Por favor, solo escúchame!—¿Escucharte? —Scarlet se rió, el sonido áspero y quebrado—. Te escu
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