Oliva se animó con su comentario a tentarlo, puesto que ondeó sus caderas sin ninguna vergüenza, pero él la detuvo. Dejó que se le escapara un gruñido suave de frustración. —Montar mi mano es algo que quiero que hagas… —Se inclinó y mordisqueó su cuello, sin dejar de estimularla—. Pero en este momento ambos necesitamos algo más… ¿Lo sabes? Con la mano libre, él se aprovechó de la forma del escote del vestido para sacar sus pechos sensibles; disfrutó al ver que sus pezones estaban duros como guijarros y, sin dudar, los apretó. Quedó sin aliento al darse cuenta de que estaban adornados con unos pequeños corazones brillantes. Su virilidad palpitó fuertemente, reclamando atención. El hecho de que Olivia gimiera un poco más alto hizo que moviera rápidamente su mano, y luego se detuvo abruptamente. —¡No, Killian! —chilló ella en protesta, al sentir que sus dedos abandonaban su s3x0. —Confía en mí, Liv —su voz era gutural, llevándose uno de sus dedos a la boca, degustando su sabor—.
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