Después de la boda, Valerio y Ginevra se habían ido a España de luna de miel. A Valerio le había gustado tanto el país, su ambiente y la paz que respiraban, que había decidido quedarse a vivir allí de forma definitiva, manejando los negocios internacionales desde la capital española. Fue precisamente durante esos primeros meses de asentamiento cuando se enteraron de una maravillosa noticia: Ginevra estaba embarazada de gemelas. Ahora, Ginevra tenía un vientre redondo y grande, una hermosa esfera que acariciaba a diario con devoción, mientras en su vientre crecían dos hermosas hijas que, sin duda alguna, serían la adoración absoluta de Valerio. Alessandra, ese mismo día de la boda, después de quedar petrificada en la barra del jardín, había vuelto a caer rendida ante Román. La atracción magnética y el fuego que se había encendido entre ellos fue imposible de apagar, y con el tiempo se habían vuelto amantes clandestinos, encontrándose en la suite del hotel y en apartamentos discretos. A
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