Había sido inevitable que los niños Rodríguez y Cienfuegos, siguieran en contacto, sobre todo porque no podían decirles a tan corta edad que había rencores del pasado que no podían dejar de lado. Marco, cuando veía a Mia, sonriendo mientras mensajeaba con el heredero de quién le robó el amor de Andreina, se ponía en modo celoso y trataba de persuadir a su hija para que no hablara tanto con él, solo que no funcionaba del todo. — Princesa, ¿Por qué hablas tanto con ese niño? Ni siquiera es simpático, mejor vamos a ver una película con mamá. — ¡Si, me encantan las películas! Te alcanzo en un momento, solo quiero preguntarle a Liam, algo sobre una tarea. — Oh, yo te puedo ayudar con eso. — El CEO se ofreció de inmediato. — No es necesario, papá, Liam, es un niño muy inteligente, él se sabe la respuesta. El empresario que había sido primero en su clase, que se habia graduado con honores y reconocido en el mundo de los negocios como uno de los mejores. Había sido descartado
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