Andreina, se levantó, Pero más bien la levantó el hambre, ella se encontró con una bella escena entre los niños y su tío. — !Buenos días, me alegra ver qué ya están desayunando! — Buenos días tía Andreina, ¿Hoy podemos visitar a mamá en el hospital? — Emill, preguntaba mientras se llevaba un trozo de panqueque a la boca. — No lo se, cariño, primero tendríamos que preguntarle a tu padre. — ¿Señora Andreina, que le apetece desayunar? — Preguntaba el mayordomo. — Mm... Si... Un poco de todo, estoy muy hambrienta, y todo se me antoja. — Rogelio, que mi esposa tenga lo que quiere, el bebé debe nutrirse bien al igual que mi mujer. — Enseguida, señor. — El mayordomo sonrió y se apresuró a ir a la cocina, en menos de nada la miss, ya estaba desayunando. — Irás al hospital, ¿Cierto, querido? — Si, veré si se le ofrece algo a Deguel o a mí cuñada, puedes venir conmigo si quieres, ¿Qué opinas? Los niños pusieron ojos tristes, si Andy, se iba, nadie se quedaría a acompañ
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