Capítulo 16. Primeros pasos en Paddington
ANNALa pantalla de mi teléfono se iluminó con los mensajes de Bella, y al instante reviví su abrazo apretado, sus ojos brillantes justo antes de perderme en el torbellino de despedidas del aeropuerto. Su disculpa por no haber podido decir adiós resonaba en cada palabra. En su torrente habitual, mi hermana se disculpaba con una efusividad casi desesperada por el caos de la despedida. Al parecer, la tristeza de verme a punto de partir la había abrumado tanto que había tenido que correr al baño para intentar calmarse. Pero cuando salió, ya me había perdido entre la multitud que se dispersaba. Ahora, más tranquila, me deseaba toda la suerte del mundo en Londres y prometía que, a la primera oportunidad, volaría para nuestra primera pijamada londinense.Aunque la curiosidad me picaba, el jet lag comenzaba a pesar. Sabía que, para disfrutar realmente de explorar Londres, necesitaba un buen descanso. Así que, después de responder brevemente a Bella, decidí pasar el resto del día aclimatándom
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