POV ElíasLa boca de Mara sabe a noche, a menta y a peligro inminente.Cuando la beso, no es un acto calculado. Es un derrumbe. Es como ver caer un edificio en cámara lenta y, en lugar de correr, quedarse quieto para que los escombros te entierren.Sus labios son suaves, pero su respuesta es fiera. Se agarra a mis hombros desnudos como si se estuviera ahogando. Sus uñas se clavan en mi piel. Yo hundo la mano en su pelo, inmovilizando su cabeza para profundizar el beso, para beberme hasta el último suspiro que le quede en los pulmones.Mi otra mano, la que descansa sobre su vientre, se tensa.Noto la curva dura y perfecta de su embarazo contra mi palma. Noto la vida que hay dentro, mi hijo, moviéndose agitado por la tormenta hormonal que acabamos de desatar.Es eso lo que me frena.Me separo de ella con un esfuerzo físico titánico, jadeando como si hubiera corrido una maratón.Nuestras frentes siguen pegadas. Nuestros alientos se mezclan en el pequeño espacio oscuro entre las almohadas
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