CAPÍTULO 215 Lo que nadie podía prometer Cuando Lissandro y Ofelia entraron al apartamento, lo primero que escucharon fue una carcajada divina que les llenó el alma. Eran esas risas limpias que parecían capaces de llenar cada rincón de una casa. Por un instante ambos se quedaron quietos junto a la puerta. Necesitando recuperar el aire antes de volver a entrar en su propia vida. En el living, Diana estaba sentada sobre una alfombra rodeada de muñecas, retazos de tela, cintas de colores y pequeños vestidos que había cosido durante las últimas semanas. Siempre que visitaba a Ale le diseñaba un vestido nuevo. Alessandra estaba a su lado completamente concentrada en una tarea importantísima. Vestir a una muñeca que, según ella, iba a casarse. —No, así no —protestó la niña mientras acomodaba un velo diminuto—. Está chueco. Diana soltó una risa. —Perdón, señorita diseñadora. —Así. —Sí. A veces se sentía de esa manera al hablar. La pequeña asintió satisfecha. Desp
Leer más