CAPÍTULO 207 Las pruebas que ya estaban La abogada Milagros Saavedra llevaba más de dos horas dentro del hospital. No había sido nada sencillo. De hecho, había tenido que utilizar cada contacto profesional que tenía. Hasta el abuelo Castell había llamado al director para pedir colaboración, y su hermana Martina Saavedra había prometido dar una charla de cardiología en el hospital cuando regresara de Madrid. Cada favor pendiente. Cada credencial usada. Nunca ofreció dinero. Solo favor por favor. Porque los registros médicos eran privados. Y la información que buscaba pertenecía a un paciente que jamás había autorizado aquella investigación. Franco Morán, el Musiquito, y su grupo, según Renata, habían firmado un acuerdo de confidencialidad por todo lo que ocurrió en aquella fiesta. Siempre precavidos. Quizás por eso él nunca pudo descubrir qué había pasado realmente aquella noche. Ayden la observaba desde una de las sillas de espera. Sabía que cuando Milagros entraba en modo
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