Capítulo 115 El mundo se derrumba Amelia salió del atelier empujando la puerta de vidrio con más fuerza de la necesaria. El sonido seco al cerrarse detrás de ella hizo que varias cabezas se giraran dentro del local, pero a ella no le importó. Tenía la respiración agitada, el pulso acelerado y una sola idea clavada en la cabeza: salir de ahí antes de que todo terminara de desmoronarse. Buscó con la mirada en la vereda hasta encontrar el auto. Jorge estaba sentado en el asiento del conductor, inclinado hacia atrás, mientras la niña jugaba con una muñeca en el asiento trasero, ajena a todo lo que estaba pasando. La pequeña movía la muñeca con torpeza, murmurando algo bajito, como si inventara una historia propia, completamente aislada del caos de los adultos. Amelia abrió la puerta con brusquedad. —Vámonos. Jorge levantó la vista, sorprendido por el tono. —Pará… —dijo, girándose—. Dejame atarla bien a la sillita y salimos. —Dale, rápido —insistió ella, mirando hacia atrá
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