Capítulo 116 La trampa de Amelia
El silencio que siguió al entierro no trajo la paz esperada. Fue un vacío denso que se instalaba en los pulmones, convirtiendo cada respiración en esfuerzo. Lissandro no recordaba el trayecto de salida del cementerio; se encontraba allí, estático en el asiento del copiloto, con las manos inertes sobre las piernas y la mirada anclada en un punto inexistente del parabrisas. El mundo exterior se había vuelto un decorado ajeno.
Rodrigo conducía en silencio. En la p