Capítulo 125 La decisión en la plaza El aire de Roma le llenó los pulmones como si fuera la primera vez en días que realmente respiraba. Ofelia cerró los ojos un segundo mientras caminaba despacio por la plaza, sintiendo cómo el frío suave de la tarde le rozaba la cara. No era solo aire… era alivio. Era la primera vez en días que su cuerpo no estaba en alerta constante, que su mente no estaba atrapada entre el miedo y la culpa. Se llevó la mano al vientre, por instinto. —Ya está… —susurró apenas, con una sonrisa cansada—. Estamos bien… Me encantó verte, porotito, le hiciste caso a mamá. Su otra mano tiró del saco amplio, ajustándolo más fuerte, cruzándolo sobre su cuerpo como una barrera. Lo acomodó con cuidado, cubriéndose, como si el mundo entero pudiera ver lo que ella estaba protegiendo. No podía permitirse cometer errores. Nadie debía saber de su bebé, por ahora. Le había escrito un mail a su amiga Diana y le había dicho: “Pronto volveremos, estamos bien. Cuando me avisen
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