—No te lo daré.—¡Dámelo ahora!—Diego, el abogado ya revisó cada punto. Ya dije que renunciaba al millón y al coche, y tú ya firmaste. ¿Qué más quieres ver? —le espetó Natalia, provocándolo deliberadamente—. ¿Acaso... no quieres divorciarte?Diego, por supuesto, quería el divorcio. Pero su instinto le gritaba que algo no encajaba, y por eso quería confirmar el contenido del documento. Sin embargo, Natalia se negaba rotundamente.—No quiero repetirlo por tercera vez —su voz bajó de tono, cargada de una amenaza sorda—. Dame el convenio.Se quedaron en un punto muerto, desafiándose con la mirada, hasta que Camila dio un paso al frente. Se acercó a Diego y le tomó suavemente el brazo.—Diego, el abogado dijo que no hay problemas —dijo Camila con voz dulce—. Deja que Natalia se vaya, parece que tiene prisa.Acto seguido, Camila miró a Natalia con una sonrisa condescendiente:—Supongo que Diego siente que, después de tantos años como esposos, no debería dejarte ir con las manos vacías. A
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