POV SCARLETTEl silencio que siguió a la carnicería exterior era más pesado que la nieve que seguía acumulándose contra la puerta de madera. Klaus estaba sentado frente al fuego, con la espalda apoyada en un tronco rugoso. La luz de las llamas bailaba sobre su torso desnudo, revelando un mapa de violencia que me hizo apretar los dientes. La regeneración, esa bendición de nuestra sangre, estaba fallando. Estaba agotado, su sistema inmunológico centrado en mantener la temperatura interna contra el frío de Siberia, dejando las heridas abiertas como bocas hambrientas.Tenía un corte profundo en el hombro derecho y un agujero de bala que había atravesado su costado, rozando el hígado. La sangre, de un rojo demasiado oscuro, goteaba sobre las pieles de alce.—Klaus, mírame —le ordené, acercándome con el maletín médico que, por milagro, no se había roto en la caída.Él levantó la vista. Sus ojos, que minutos antes brillaban con una luz dorada asesina, estaban velados por el cansancio. Intent
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