El lujo del interior del jet privado de los Beaumont era intimidante, incluso para alguien como Aria, que conocía las bondades que el dinero podía ofrecer, pero esto era… obsceno, hasta para ella.A través de la ventanilla, los Alpes franceses se encogían hasta convertirse en arrugas de azúcar sobre la tierra, pero Aria no miraba el paisaje, su atención estaba clavada en la figura de su padre biológico, Arthur Beaumont, quien revisaba unos informes con una elegancia que resultaba insultante dadas las circunstancias.Killian no estaba con ellos. Había sido trasladado en un helicóptero separado, bajo custodia, como si fuera un cargamento peligroso en lugar del hombre que le había devuelto la vida.Arthur dejó los documentos sobre la mesa de nogal y miró a Aria. Había algo en sus ojos, una mezcla de orgullo y posesión, que la hacía sentir como un activo f
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