El hospital estaba cargado de silencio y tensión. Lucía despertaba entre delirios, mientras Gabriel y Alejandra intentaban sostener el peso de la tragedia.Lucía, delirando, entre lágrimas:—¡Perdón, Julián! ¡Perdón, Andrés! ¡Las sombras no me dejan… asesina, asesina…!Gabriel (tomándola de la mano, con voz quebrada:—Lucía, basta… no sigas. Necesito que luches por tu vida, no por tus fantasmas.Lucía, gritando:—¡No entiendes, Gabriel! ¡Nuestro padre mató a los padres de María! ¡Todo está manchado de sangre!Alejandra, interviniendo con firmeza:—Gabriel, escucha… lo que Lucía dice puede ser más que un delirio. Yo he encontrado documentos que vinculan a la empresa con crímenes antiguos.Gabriel, mirándola con incredulidad:—¿Qué estás diciendo, Alejandra? ¿Que todo lo que construimos está basado en asesinatos y corrupción?Alejandra, con voz grave:—Exactamente. Y alguien más lo sabe… Enrique. Él tiene pruebas y está dispuesto a usarlas contra ti.Mientras tanto, en España, María hab
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