La misma noche de su llegada, Ben llevó a su familia a un restaurante promedio de Los Ángeles, en el que servían buena comida, pero ningún platillo sofisticado, y donde podían acudir con tenis y ropa más informal. No era que estimara en gastos, sino que había algo en las finuras que siempre lo incomodaban. Era hombre de hábito. Comieron barbacoa brisket al mejor estilo de Texas, y, como el médico le había prohibido el consumo de alcohol a Ben, los demás decidieron solidarizarse bebiendo un mocktails con hierba.-Me duele que me hubieras ocultado que venías a Los Ángeles. Te recuerdo que la promesa de que no te guardaría ningún secreto es reciproca. –le recriminó Leslie a su padre sentado a su izquierda en una mesa cuadrada. Ben alcanzó la mano de su hija y le dio un beso en el dorso, a modo de disculpas.-Quería sorprende
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