Paul terminaba de guardar las pertenencias que había dejado sobre el escritorio de su oficina en una caja, estableciendo su renuncia ante algunos incrédulos que todavía apostaban por que se quedaría. Mientras empacaba, no podía evitar sentir un soplo de felicidad hinchando su pecho. A más vacía quedaba la oficina, más ajeno la veía, como si nunca le hubiera pertenecido y eso le alegraba. Lo llenaba de una sensación similar a la liberación, por fin volvería a Londres, su hogar. Ya solo le faltaba asegurar su pertenencia más valiosa, el único suvenir que se llevaría de Estados Unidos y que haría valer su estadía en un país de valores intrusivos y trato agresivo; Lauren. Una mujer tan hermosa como complicada. Ella no sabía el poder que poseía, que era capaz de retener a un hombre de las características de Paul, soberbio y envanecido, en la lista de espera. A veces solo quisiera subirse al siguiente avión directo a Londres y olvidarla, estaba seguro que la superaría pronto, sin embargo, ha
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