El dormitorio de los Maslo estaba pintado de una tenue luz azul, mientras que los colores cobrizos del alba se infiltraban por la ventana. El reloj despertador de Lauren aún no había sonado, y Arthur ya estaba fuera de la cama. Las sabanas se habían tornado frías. Se metió a la ducha para darse un refrescante baño, luego se vistió con unos pantalones de mezclilla y una camiseta de algodón con mangas cortas. Fue sigiloso, no deseaba perturbar su buen dormir. Le alegraba que al menos uno de los dos no sufriera insomnio. Bajó a la cocina y se dispuso a hacer el desayuno. Pudo cocinar algo simple; unas tostadas con bacon y un zumo de naranja artificial, al final del día, su esfuerzo pasaría desapercibido, aun así Arthur puso su mejor dedicación en preparar unos waffles caseros con un batido de frutas. No buscaba elogios por lucirse como buen esposo, solo esperaba serlo. Normalmente, esperaría hasta después del desayuno para salir de casa, sin embargo, ese día, particularmente, no estaba
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