Harrison presentó el expediente el martes por la mañana.Ciento cuarenta y dos páginas. Evidencia forense, registros médicos, transcripciones de llamadas intervenidas legalmente, las grabaciones de Madison desde protección de testigos, el informe toxicológico que documentaba once años de envenenamiento crónico con digitalis en la sangre de mi padre.El fiscal lo leyó en silencio durante veinte minutos mientras Harrison esperaba sentado frente a su escritorio con la paciencia de alguien que sabe que el documento habla por sí solo.Yo no estaba en esa reunión.Estaba en Carter & Cross, revisando los últimos ajustes de la colección de otoño con Diana, haciendo exactamente lo que tenía que hacer: existir en mi vida normal mientras Harrison hacía lo suyo.Irene me trajo café a las once.Me miró con esa discreción suya que era en realidad una pregunta sin palabras.—Estamos esperando —le dije.Asintió y volvió a su escritorio sin añadir nada más.A la una y cuarto, Harrison llamó.—Firmó la
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