La Caverna del Silencio debería haber sido un refugio, pero para Aria Crescent, el lugar parecía un ataúd hecho de cristales ancestrales. En el centro de la caverna, Lucian yacía rígido sobre un altar de piedra que latía con energía azul zafiro. Cada respiración del niño despedía una espesa niebla negra que consumía el oxígeno del aire circundante. Fuera, el rugido de las fuerzas de los Devoradores del Sol de Alaric sonaba como miles de tambores de guerra listos para derrumbar el techo de la ca