La nieve en el pueblo fronterizo del Imperio Licántropo, Vane-Hold, solía ser de color gris debido al polvo de los hornos de los herreros.Sin embargo, esta mañana, la nieve parecía demasiado limpia, como si toda la vida allí hubiera sido succionada recientemente.No había sonido de gallos cantando, ni gruñidos de los lobos jóvenes entrenando, y lo más aterrador: no había huellas de humanos ni animales en las calles heladas del pueblo.Alaric Obsidian se paró en medio de la plaza del pueblo, su capa de piel negra ondeando con el viento que traía un leve olor a sangre coagulada.A su lado, el Comandante Kaelen, que acababa de recuperarse por completo de la influencia de la magia de Malakor, estaba pálido como la muerte."Esto no es un ataque de lobos salvajes, Emperador," susurró Kaelen, agarrando con fuerza el mango de su espada plateada."No hay gotas de sangre.No hay señales de resistencia física.Los habitantes de este pueblo desaparecieron de la nada en medio de la noche."Alaric
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