Los restos de las ruinas del Palacio Obsidiana aún despedían humo plateado cuando el sol, ahora pálido, comenzaba a asomarse.
Sin embargo, no hubo canto de pájaros ni sonidos de la naturaleza para dar la bienvenida a esa mañana.
Todo el territorio dentro de un radio de diez kilómetros se había convertido en una zona silenciosa, donde cualquier ser vivo sobreviviente solo podía susurrar, temiendo atraer la atención de algo que estaba despertando.
Alaric permanecía de pie en medio del salón cuy