Aleksei llegó con Ivanna a la mansión Volkov. Ambos vestían de negro; ella lucía un vestido ceñido que resaltaba cada una de sus curvas y la hacía ver imponente, como la futura señora Volkov que sería.La tomó de la mano, entrelazando sus dedos con fuerza, y caminaron a pasos firmes hacia la entrada. Ivanna miraba con asombro la magnitud de la propiedad; era un palacio, muy diferente a la Villa Montenegro o a la mansión de su hermano.Los guardias, al ver llegar al heredero de la dinastía Volkov, hicieron una reverencia inmediata, bajando la cabeza con un respeto que rayaba en el miedo. A pesar de su edad, Aleksei se había ganado a pulso el estatus de jefe de familia que su abuelo le heredó.Las grandes puertas se abrieron de par en par para dejarlos pasar. Aleksei no soltaba la mano de Ivanna; caminaba a paso firme, barriendo el lugar con una mirada gélida. No necesitaba preguntar nada; ya se imaginaba perfectamente dónde estarían su padre y esa mujer que, al enviar a aquella desconoc
Leer más