Llegué a la mansión con el estómago hecho un nudo. El trayecto desde la oficina había sido un borrón de luces y lluvia, pero nada borraba la voz de Marcus por teléfono. Baja. Furiosa. Inevitable.La casa estaba oscura, con solo algunas luces encendidas en la sala principal. Lo encontré allí, sentado en el sofá de cuero, un vaso de whisky en la mano, la botella medio vacía sobre la mesa baja. Tenía los ojos enrojecidos, la corbata floja, el cabello desordenado. Al entrar, levantó la vista hacia mí y sonrió lentamente, con veneno."Finalmente llegaste, querida esposa."No respondí. Me quedé junto a la puerta, aún con el abrigo puesto, como si pudiera protegerme de lo que venía.Marcus se levantó con movimientos pesados. El vaso quedó olvidado sobre la mesa. Se acercó despacio, como un depredador que sabe que su presa no puede escapar."Dime, Elena. ¿Cómo van las cosas con mi hermano?"Las palabras cayeron como un peso. No sabía lo de la foto. No podía saberlo. Pero el tono era el de sie
Leer más