La sala se quedó mortalmente silenciosa.
La fotografía seguía colgada en la pantalla como un veredicto de culpabilidad. La mano de Damien baja en mi cintura, mis dedos enredados en su corbata, nuestras bocas fundidas en ese momento imprudente y hambriento en el que el mundo había dejado de existir.
El presidente la miró. "Señorita Roseous".
Ella no se apresuró. Dejó que el silencio se alargara hasta que doliera.
"Esta imagen está diseñada para provocar, no para informar", dijo con voz suave y fría. "No tiene marca de tiempo, ni metadatos, ni cadena de custodia. Podría estar manipulada".
Marcus se inclinó hacia adelante. "Las personas en ella son inconfundibles. Mi esposa. Sus manos sobre ella. Eso es suficiente para una violación de la política".
Isabella se volvió hacia él lentamente. "La política requiere pruebas, Marcus. No especulaciones".
Los labios de Victoria se curvaron, disfrutando del enfrentamiento.
Isabella se volvió de nuevo hacia el presidente. "Pero las apariencias impo