Mientras la familia celebraba, Ethan estaba en una oficina de cristal en la Avenida Reforma, enfrentándose a un equipo de auditores enviados por Arthur Vance. Estaban intentando congelar los fondos del "Castillo" alegando irregularidades.Fue una batalla de ocho horas. Ethan, impecable en su traje gris, desmontó cada argumento de Vance con una precisión quirúrgica. Al salir del edificio, victorioso y con los fondos liberados, se encontró con Alice, que lo esperaba en la acera con un pequeño ramo de margaritas.—¿Ganaste? —preguntó ella con timidez. —No solo gané, Alice. Los he dejado sin argumentos para los próximos cinco años —respondió Ethan, soltando el maletín y tomándola por la cintura.En medio del caos de la Ciudad de México, entre los coches y la gente que caminaba deprisa, Ethan besó a Alice con una pasión que detuvo el tiempo. —Gracias por ser mi ancla, Alice. Sin ti, este abogado solo sería un hombre amargado en un despacho.Al caer la noche, con los niños dormidos y Missiu
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