Edgar sonrió, mirando la pantalla.—Ya veo que no va a ser tranquilita como tú, hija. Cuando estabas en el vientre de tu madre, eras muy calmada… solo dormías. —soltó una ligera risa—. Estoy perdido con dos Felicias.Laura giró el rostro hacia él, levantando levemente una ceja, con una sonrisa divertida.—Suerte la tuya, doctor Edgar. —dijo, ingeniosa—. Dos Felicias en tu vida es un privilegio, no un problema.El doctor Luiz sonrió y ajustó el ángulo, concentrado.—Y tú, Luna… —preguntó, sonriendo—, ¿estás emocionada por ser hermana mayor? ¿Qué crees que es?Ella respondió sin pensarlo:—Lo único que no voy a hacer es cambiar pañales con caca. —dijo, seria—. Es niño. Estoy segura.Edgar soltó una risa baja.—Ya lo decidiste todo.Laura sonrió.—Yo creo que es niña… Liz.—Yo también. —añadió Edgar—. Liz.Miró a Luna.—Pero si es niña… la voy a llamar Felicia. Te gusta ese nombre, ¿verdad?Luna hizo una mueca al instante.—¡No! —dijo, riendo—. ¡Es Isaac!El médico sonrió, observando la
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