La madrugada envolvía la habitación en silencio. Meredith ya tenía quince días de vida. Liam estaba sentado en el sillón de su cuartito, con la pequeña en brazos. Se levantó con cuidado y caminó hacia la suite integrada al cuarto, atravesando aquel ambiente que parecía más bien un escenario delicado y perfectamente diseñado.La habitación de Meredith era amplia, sofisticada… pero al mismo tiempo, dulce. Las paredes en tono marfil estaban adornadas con relieves de flores delicadas, unidas por pequeñas mariposas doradas, como si estuvieran en movimiento. Algunas de ellas, iluminadas por una luz indirecta y suave, daban la sensación de que podrían cobrar vida en cualquier momento.El techo tenía un acabado con molduras clásicas, con una discreta lámpara de cristal que reflejaba la luz en pequeños destellos dorados por todo el ambiente. La cuna, ubicada en el centro de la habitación, era blanca, con detalles tallados a mano, rodeada por un delicado dosel de tul, levemente translúcido, con
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