En plena madrugada, Alex observaba a Ísis dormir, sentado en el sillón, con el portátil apoyado sobre el regazo. El sueño no llegaba. No después de todo lo que había ocurrido. Ya había visto las imágenes de la pelea tres veces.Duck, tumbado frente a él, levantó la cabeza, se incorporó despacio y le tocó la pierna con la pata, en un gesto silencioso.Alex suspiró hondo, se pasó una mano por el rostro cansado y, después, cerró los dedos sobre el pelaje del perro, acariciándolo lentamente entre las orejas.—Todo está bien, campeón —murmuró en voz baja—. No tienes que preocuparte por mí.Se inclinó y apoyó la frente, apenas un segundo, contra la cabeza de Duck, como si buscara apoyo.—La vida de los humanos es más complicada de lo que te imaginas…Su mano siguió deslizándose por el lomo del perro, en un gesto automático, casi terapéutico. Duck movió la cola, aceptó la caricia y volvió a tumbarse, pero mantuvo los ojos atentos, como si siguiera vigilando a su dueño.Alex retrocedió el víd
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