El silencio cayó durante un segundo entero. Luna alzó la vista del dibujo, curiosa. Olivia y Liam cruzaron una mirada rápida, muda. Edgar mantuvo la postura firme, serena, mientras Laura encaró a su madre con el mentón en alto y los ojos decididos.—¿Por qué no me casaría, mamá? —preguntó, sin apartar la mirada.Olivia se levantó de inmediato, sintiendo cómo la tensión se espesaba en el aire. Se alisó la falda en un gesto nervioso y, por instinto, buscó a Luna con la mirada. Se acercó a la niña con una sonrisa suave y se agachó un poco para quedar a su altura.—Lunita… —dijo con la voz más dulce, tocándole apenas el hombro—. Aquí tenemos una piscina enorme. ¿Quieres salir conmigo a verla? Te la enseño.Los ojos de Luna brillaron al instante. Dejó el lápiz sobre el papel, se levantó demasiado rápido para su propio equilibrio y se sujetó del sofá para no caerse.—¿Puedo, papá? —preguntó, volviéndose hacia Edgar, con los ojos grandes, llenos de expectativa.Edgar suavizó la expresión, pe
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