La habitación estaba en silencio, interrumpido apenas por las respiraciones profundas de ambos.Liam giró el rostro hacia ella, todavía agitado, y esbozó una sonrisa ladeada.—Vamos a darnos una ducha, amor —dijo con la voz ronca, aunque ya serena—. Después duermes.Olívia rió en voz baja, sin fuerzas para responder de inmediato; solo asintió. Él se levantó primero y la tomó en brazos, llevándola al baño.La ducha fue lenta, sin prisas. Agua caliente, manos que se deslizaban con cuidado, gestos simples cargados de ternura. Nada urgente. Nada intenso. Solo la comodidad de estar allí, juntos, completos.Cuando regresaron al dormitorio, ambos llevaban albornoces. El cabello húmedo, la piel relajada. Se sentaron en la cama, uno junto al otro, apoyados.Olívia pasó la mano por el vientre e hizo una mueca divertida.—Vaya… tengo un hambre terrible —dijo, tomando una uva de la bandeja y llevándosela a la boca.Liam la observó un segundo, demasiado satisfecho para fingir lo contrario.—Yo no
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