La opresión en mi pecho no disminuyó, ni siquiera después de que Ace saliera de la habitación. Su presencia había transformado la presión en algo manejable, como una tormenta contenida tras un cristal reforzado, pero no desapareció. Me senté en el borde del sofá, con Alice tarareando suavemente a mi lado, con su rompecabezas a medio terminar, y me permití respirar por primera vez en todo el día.La advertencia de Willow aún resonaba, un veneno sutil en mis venas. No la gritó, no fue dramática, pero estaba ahí: aléjate de Ace si valoras la seguridad de Alice. Y ahora sabía que si intentaba manejarlo sola, corría el riesgo de fracasar, no solo por mí, sino también por la niña que confiaba plenamente en mí.Me pasé las manos por la nuca y cerré los ojos. ¿Por qué siempre actuaba así? Amenazas disfrazadas de consejos, presión disfrazada de protección. Esa había sido su estrategia mucho antes de que yo naciera, mucho antes de que Ace y yo existiéramos. Ya había sobrevivido a la manipulació
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