Estaba doblando la ropa distraídamente cuando oí el suave clic de la puerta principal. Sentí un nudo en el estómago al instante; no por sorpresa, no del todo, sino porque mi cuerpo pareció recordarlo antes de que mi mente pudiera asimilarlo. Lo esperaba en casa más tarde, más tarde aún, y sin embargo, aquí estaba.Me quedé paralizada al oír sus pasos, medidos, deliberados, resonando levemente por el pasillo. Todos mis instintos me decían que me preparara para la confrontación, para la tensión, para las preguntas. Pero lo que sucedió después no fue lo que esperaba.—Lily —su voz provino del umbral. Suave, tranquila, pero con ese peso inconfundible—. Entra al estudio.Dudé, con la mano aún sobre la camisa doblada, sintiendo un nudo en el estómago. No podía descifrarlo, no esta noche. No después de Filadelfia, no después de todo. Pero la tranquila autoridad en su voz no dejaba lugar a dudas. Caminé por el pasillo, mis pies resonando suavemente sobre la madera. La puerta del estudio esta
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