El señor Kenny se inclinó hacia adelante. Amanda podía sentir su aliento en sus mejillas.—No entiendes, ¿verdad? Desde el momento en que vi tu perfil, me enamoré de ti. He esperado tres años, pensando que captarías mis señales y vendrías a mí, pero no lo hiciste, y ya no puedo esperar más.—¡Pero señor, usted está casado! —exclamó Amanda.El señor Kenny parecía impasible. —Vamos, Amanda, no seas tan rígida. Podríamos divertirnos mucho juntos, ¿sabes? —Intentó besarla.Amanda lo empujó, y su frustración creció; inmediatamente se enderezó con firmeza. —Señor Kenny, no prolongaré más esta conversación. Espero que nuestras interacciones sean estrictamente profesionales —dijo con firmeza mientras se levantaba.Desestimando su enojo, el señor Kenny continuó con tono sexual: —¡Oh! Amanda.—¡Señorita Amanda! —la corrigió. Intentó irse, pero el señor Kenny le agarró la mano, impidiéndole salir. Su agarre era firme, y Amanda se sintió atrapada, con la espalda contra la mesa.—No tan rápido —dij
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