El señor Kenny se inclinó hacia adelante. Amanda podía sentir su aliento en sus mejillas.
—No entiendes, ¿verdad? Desde el momento en que vi tu perfil, me enamoré de ti. He esperado tres años, pensando que captarías mis señales y vendrías a mí, pero no lo hiciste, y ya no puedo esperar más.
—¡Pero señor, usted está casado! —exclamó Amanda.
El señor Kenny parecía impasible. —Vamos, Amanda, no seas tan rígida. Podríamos divertirnos mucho juntos, ¿sabes? —Intentó besarla.
Amanda lo empujó, y su fru