Después de un rato, recuperó la compostura y rápidamente tomó el teléfono, lo armó de nuevo y lo encendió. El corazón de Amanda latía con fuerza mientras intentaba marcar otra vez el número de su madre. El pánico y el miedo la abrumaban, dificultándole respirar.
El teléfono comenzó a sonar nuevamente, y la espera le pareció la más larga de su vida.
—Hoy es un día terrible —se dijo a sí misma mientras esperaba que su madre contestara.
Después de lo que pareció una eternidad, por fin su madre resp