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—Hola —llamó Rowán.
—No me saludes. ¿Es una repetición o qué? Llevo aquí más de media hora —replicó Jacobo.
—Deja las tonterías. Estoy aquí para una conversación seria. —Rowán sacó una silla y se sentó.
—¿Cuándo no has estado serio? —Jacobo frunció el ceño.
—Espera, ¿hablas en serio con eso de estar molesto? —preguntó Rowán, confundido. Jacobo no era del tipo que se ofendía con facilidad.
—No, no lo estoy. Solo quiero que creas que sí —dijo Jacobo con una sonrisa.
—Deja de jugar con