El consultorio de la doctora Estrada ocupaba el piso doce del edificio corporativo, una suite minimalista de paredes blancas y muebles de diseño escandinavo que transmitía profesionalismo y confianza. Hasta hace dos días, nunca habría dudado de ella.Ahora, cada sonrisa me parecía calculada, cada pregunta una trampa.—Valentina, qué gusto verte —me saludó cuando entré—. ¿Cómo te has sentido? El embarazo va avanzando muy bien según tus últimos análisis.La rabia me quemó la garganta, pero la contuve. Estaba aquí por una razón.—Algo cansada. El estrés de las últimas semanas.—Es comprensible, con todo lo que ha estado pasando. —Su voz era suave, comprensiva. Perfecta—. Siéntate. Vamos a revisar tus niveles.Me senté en la silla de examen mientras ella consultaba su tablet. La misma tablet donde probablemente guardaba los mensajes destinados a Carmen.—Los marcadores están todos normales. El bebé se desarrolla perfectamente. ¿Has tenido alguna molestia? ¿Náuseas, mareos?—Nada fuera de
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